¿Será cierto que para enamorarse hay que desconocer todavía al otro, que el otro tenga aún espacios en blanco sobre los cuales uno pueda proyectar sus propios deseos? ¿O quizás, llegado el caso, la proyección puede ser tan intensa que no sólo cubra con sus ilusiones los espacios en blanco del otro, sino todo el mapa que ya nos hemos hecho de él? ¿O quizá se puede amar a alguien sin proyectarse en él?
Bernhard Schlink
No hay comentarios:
Publicar un comentario