
Llueve y mis párpados se mojan. Yo no sé por qué siento una conexión tan fuerte. Como si mi sangre fuese el agua y ahora estuviese cayendo por la ventana. Cada gota de mi sangre suicidándose irremediablemente contra el piso. El dolor, la angustia. Buenos aires gris y mojada y mi sangre por doquier.
Un lunes me despierto de repente para darme cuenta que todavía estás en mí, porque hiciste lo peor que podrías haber hecho: heriste mi orgullo.
Todo pasa de repente (te veo, me hablás, sueño con vos esa misma noche.)
Y así, en pocas horas, me veo espantando tus fantasmas, nuevamente. Por suerte son dóciles y no tardan en dejarme en paz.
Porque no estás en mí, porque te aseguro que nunca nos quisimos. Porque tu herida no es tu herida sino que es mi herida de orgullosa felina.
Llueve y me siento débil. Anémica de pérdida de sangre, de orientación. No tengo fuerzas para enfrentarme a nadie, siento que la corriente me lleva por la vida. Llueve y necesito que pare. Una descarga magnética invade mi cabeza.
¡Qué sea martes... y que salga el sol!
-Es inevitable... cada día estoy más peronista eh.